La historia de mi vida
Mas terminada que nunca

FINAL

CAPITULO FINAL


Han pasado mas de cinco años.

En ellos he aprendido a dejar de usar mi don. No por gusto, si no por necesidad.

Cuando llegas a crear unos seres tan poderosos, siempre llega el momento en que te exigen libre albedrio y no hay quien los pare.

 

Sería muy simple escribir que todo volvió a la normalidad pero no puedo. No pienso dejarme vencer por el miedo.
He destruido Australia, he diezmado Japón, he matado a Bill y ahora tengo el control sobre el mono de jade. El mundo es mucho mejor ahora.
Esto solo puede terminar con la muerte del Niño que pasa por allí, o con la destrucción de mi mundo.

 

- Me parece genial su historia, pero yo le pago para que repare mi ordenador. Si usted quieres destruir el mundo me parece estupendo, pero yo necesito seguir viendo mi porno.

- Lo siento, he de encontrarme con mi destino.

- ¿Que destino ni que pollas? Escribe en ese puto libro que sales victorioso de una puta vez y ponte a trabajaaaaaaaaaaaaaAAAA!!

 

Arranco la columna vertebral de mi cliente, me servirá como espada llegado el caso.
Dejo a su hija de cinco años con el vecino de en frente, puedo escuchar como le dice que no hace falta que use ropa dentro de su casa. Me alegro de que sea tan atento, pero me veo en la obligación de acabar con el también. No soporto que la gente tenga el aire acondicionado demasiado alto.

 

Salgo a encontrarme con mi destino.

 

Mientras, en el Himalaya.

 

El Niño que Pasaba por Allí mira el cadaver momificado de su padre.

 

- Siento como si hubiera pasado una eternidad padre. He pasado por muchas aventuras que no tengo ganas de contar hasta llegar aquí y ya no soy tan niño. Por fin podré resucitarte y pasar a tu lado mi infancia perdida.

 

- Tu padre te cambió por un cromo de Pikachu, chico. No te interesa resucitarlo.

 

- ¿Quien eres tu?

 

- Pepe, el Vendedor de Panqueques. Si lo resucitas, el seguirá con su vida y tu creerás haber desperdiciado la tuya.

 

- Mientes.

 

- Piensalo, has dejado de ser un extra para ser protagonista. ¿Que ocurrirá cuando vuelva el verdadero protagonista?

 

- Yo soy un creador, estoy al margen de esto.

 

- No digas tonterias chico. Unete a mi, juntos crearemos la multinacional del panqueque y dominaremos la galaxia. Solo has de comer el panqueque sagrado.

 

- ¿Sagrado?

 

- El mas rico, tierno y natural de la galaxia.

 

 

El no tan Niño que Pasaba por Allí se acercó a Pepe, decidido a probar ese panqueque especial. Pero un pequeño de piel amarilla fue mas rapido y robó un bocado. Empezó a salirle humo de la boca y exploto a los dos segundos, dejando a Pepe empapado en sangre. El no tan Niño que Pasaba por Allí detuvo a los tristes padres del triste niño fallecido, prometiendoles venganza.

 

- Me has engañado.


- Por supuesto, chico. Estoy harto de crear panqueques con ingredientes extraños, soy un personaje sin sentido en una obra con menos sentido todavía. Nos merecemos una muerte digna y que nadie llegue a leer este desproposito. ¡Panqueque llamarada!


 El no tan Niño que Pasaba por Allí escribió un escudo de fuerza que le protegió de las llamas y evitó la desintegración de los huesos de su padre, el verdadero objetivo de Pepe.

¿Como podía hacer frente a un hombre con tal abanico de recetas panquequianas? Podía crear cualquier cosa de la nada con solo escribirla, pero pasaba por el bloqueo del escritor.

 

Pepe volvió a atacar, lanzando un panqueque bomba y otro vegetariano. Esta vez el no tan Niño que Pasaba por Allí lanzó a los dos tristes sherpas que comian shermel en su sherpal para que zamparan esos panqueques al vuelvo.
El primero explotó en el acto, el segundo murió atragantado con un cacho de pavo.

 

- ¿No sabes que escribir para matarme? Te lo dije, no eres mas que un extra inutil.


- ¿Extra inutil? Buena idea, ¡¡Señor Rayo!!


 

De la nada apareció el casero de Pepe, que pudo esquivar facilmente dado su entrenamiento olimpico. Daba la sensación de que nada podía pararle, hasta que fue devorado por un tiburón.

 

- No tengas miedo de imaginar demasiado, chaval.

- ¿Eres un creador?

- No. Tu creador. Y si, esta historia acaba aquí.


 

El no tan Niño que Pasaba por Allí entendió que resucitar a su padre era una chorrada, creció, se casó con Cualquier Guarrona y vivieron felices.

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Pero...

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Pero...

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Cualquier Guarrona murió de cancer y el Hombre que Pasaba por Allí recuperó el objetivo de revivir su infancia y volvió al Himalaya.

Encontrandose lleno de cocodrilos.

Todos muertos porque no pueden vivir a estas temperaturas. Así que llegó al lugar donde yacia su padre.

Y no había nada mas que tierra. El Hombre que Pasaba por Allí cayó de rodillas al suelo, destrozado.

 

- Lo has borrado. Para siempre.

- Si. Y ahora acepta tu final feliz, o desaparece como el.

- Vale. Pero por una vez, deja que sea yo el que decida mi historia.

 

Un cumulo de nubes se formó sobre los contrincantes, del cual bajaria la bella damisela que portaria a nuestro heroe a una vida de plenitud y felicidad.

Ya se la veia descendiendo, como si hubiera resbalado en una nube del cielo, cayendo con la cabeza, muriendo en el acto.

 

El Hombre que Pasaba por Allí invocó a otra que corrió la misma suerte. Al momento estaban cayendo miles de mujeres que se despeñaban en cuanto entraban en contacto con la capa de mujeres que se estaba formando en el suelo.

El Creador no supo reaccionar, no entendía a que venia eso, ya apenas podía ver a su ultima creación viva entre tantas mujeres a las que costaba esquivar.

 

- ¡ALTO!- Escribió a la vez que gritaba El Creador en su libro, frenando en seco esa aberración machista.

- Sus ojos no dieron credito a lo que vió. Su personaje inutil se encontraba a un palmo, con su katanapiernadenmedio desenfundada, partiendo el libro enemigo en dos. - Imitó el Hombre que Pasaba por Allí. - Ahora soy yo el unico creador.

- No me queda otra que luchar bajo tus reglas.

 

El Creador echó hacia atras de un columnazo a su enemigo, el cual no pudo hacer mas que bloquear el golpe con sus dos katanapiernadenmedio. Y continuó golpeando, sin dejar descanso alguno, impidiendo que pudiera escribir.

 

Ahora, el Hombre que Pasaba por Allí veía la idea de las mujeres una estupidez. Su enemigo golpeaba con tanta fuerza que por cada golpe saltaba un paso atras y entre tanta pierna seguro que tropezaría tarde o temprano, cayendo y clavandose uno de esos tacones de veinte milimetros. Por otro lado, se había formado tras de si una montaña de cadaveres con una pendiente cada vez mas pronunciada que dificultaba todavía mas su defensa.

El Hombre que Pasaba por Allí entendía perfectamente lo que estaba padeciendo. Eso era su tan ansiado libre albedrio, que se había vuelto en su contra.

 

Tras horas de pelea por fin ocurrió lo esperado. El Hombre que Pasaba por Allí resbaló con un culo sudado, inutilizando su bloqueo. El golpe desgarró tres costillas y arrancó de cuajo su brazo izquierdo, en el que sujetaba el libro de creación.

 

- Tienes una buena columna. - Dijo jadenado.

- Por eso es tan importante mantener una buena higiene postural. Disfruta de tus ultimos segundos de libertad.

- ¡AYUDAAAA!. - Sonó desde el fondo de la montaña.

 

Unos brazos de mujer salieron entre los cadaveres agarrando las piernas de el Creador y hundiendolo hasta la cintura. Otros le agarraron por los brazos, dejandolo inmovilizado.

 

- No puede ser, no tienes tu libro.

- Puede ser, - respondió levantandose del suelo – que todo estuviera ya escrito.

 

Sin dejarle replica, clavó su katanapiernadenmedio en el corazón de su creador.

En su agonía, el creador tuvo tiempo de excitarse, apuntar y penetrar en el corazón de su adversario con su potente y viril piernadenmedio.

Ambos se miraron:

 

- No necesito un libro para imaginar. - Dijo el Creador.

- No habrá final feliz para nadie.

- No... no habrá final.

 

Érase una vez, un Niño de Verdad, al que su abuela se le puso mala. Así que decidió cruzar todo el bosque, a riesgo de toparse con el Lobo Feroz, para matar a su abuela y acabar con su sufrimiento. Así que se puso la caperuza roja, se armo con su bazoca y, como necesitaba ayuda, llamo a Naruto y Sasuke, para que hicieran el Chidori Vs. Rasengan y así, destruir el mundo, porque un mundo sin Abuela es un mundo con mucha gente.






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